Antes de su breve paso por el banquillo de Chivas Sub-23, Andrés García Soler ya tenía un recorrido poco habitual para un entrenador de 41 años. Con experiencia en más de diez países y tras haber trabajado incluso en la Primera División de Irak, el español llegó al Rebaño en un contexto particular y se fue apenas unos meses después. Sin embargo, lejos de guardar reproches, su mirada sobre el club es profundamente elogiosa.
“Antes de entrar a Chivas tenía ya más de 100 partidos entre Primera y Segunda División. He trabajado en 10 países… y cuando te llama Chivas, tú no eliges cuándo vas a Chivas; Chivas te elige a ti. Creo que era una opción irrechazable”, explicó sobre cómo se dio su llegada, que además fue contrarreloj, con apenas días para resolver su salida de su anterior equipo.
El contexto con el que se encontró tampoco fue sencillo. “El problema fue que llegué a finales de diciembre y en febrero sale toda la dirección deportiva española… y español solo quedo yo”, recordó sobre una reestructuración que terminó condicionando su ciclo. En aquel entonces, Óscar García Yunyent había promovido a varios elementos el Tapatío, que a su vez se reforzó con caras del Sub-23, quedando esta categoría obligada a reacomodarse.
Aun así, su valoración de la institución está muy por encima de cualquier resultado o circunstancia. “Cuando me preguntan cuál es el mejor club en el que he trabajado, siempre digo Chivas”, aseguró sin rodeos, comparando su experiencia en México con otras ligas donde dirigió, como España, Ecuador, Suecia, Noruega o China.
El fenómeno social del Guadalajara
En ese sentido, Andrés García remarcó una diferencia que lo impactó especialmente: la magnitud del club y su afición. “Creo que nada se compara a Chivas por masa social, por medios, por seguidores, por absolutamente todo. Vas a una gira con el sub-23, por ejemplo a Chicago, y te reciben como si fueses el primer equipo”, contó, todavía sorprendido por el fenómeno que rodea al Guadalajara.
